jueves, 26 de agosto de 2010

REALISMO EN EL COMPROMISO POLÍTICO.

Una vez alcanzada la edad de la razón, desde hace bastante tiempo, ha llegado el momento de hacerse razonable o, como ha escrito John Gray, “ es ya hora de volver al realismo “, un realismo definitivamente alejado de cualquier utopía destructora y de las múltiples políticas idealistas que llenaron el pasado siglo XX, por no ir mas atrás, de desastres.
Si quiero expresar mis creencias actuales, deberé partir de un viejo principio: el Estado es el único fundamento seguro para la convivencia. Por eso estoy en contra de todo aquello que lo debilite, desde el invento de la “ España plural”, mediante el cual se pretende demediarlo, hasta el ultraliberalismo que predica su encogimiento permanente.
Pero el realismo que defiendo no me conduce a decir que las cosas, por ser como son, hay que dejarlas como están. No. No tengo una visión tan roma de las posibilidades que se abren ante nosotros cada mañana. Por eso creo que existen formas, distintas a las ya trilladas, para tejer la realidad con las ideas, apostando, eso sí, por la mesura. A estas alturas, ¿ por qué otra cosa se puede apostar ?
¿ Y cuál es tu decálogo?, se me puede preguntar, y se me pondrá en un aprieto, mas intentaré contestar a tan incómoda cuestión sin caer en tópicos manidos;
1.- Podemos empezar con un mandamiento escrito ya hace muchos años por Albert Camús: “ Para ser hombre hay que negarse a ser Dios”. Por eso los líderes políticos debieran llevar con ellos en el coche, o tener en su despacho a un Pepito Grillo que, como a los triunfantes mílites romanos, les recuerde que son mortales, señalándoles, además, con el dedo cuando se comporten como necios.
2.- El segundo mandamiento viene de la mano de Adorno : “ Piensa y actúa de tal modo que Auschwitz no se pueda repetir”. Se trata, pues, de evitar a cualquier precio el mal mayor.
3.- El tercero asegura que “La bondad no basta” y no basta porque no siempre el bien se deriva del bien. En otras palabras, la política exige, a menudo, pactos con gentes nada angelicales. Es más, con frecuencia se trata de elegir no lo mejor, sino lo menos malo.
4.- Hay que tomar postura, incluso cuando no estemos totalmente seguros de nada, porque la duda es compatible con la acción, sabiendo que cada decisión nos enfrenta a una pérdida, porque cada decisión nos exige dejar de lado las alternativas no escogidas, incluso al decidir podemos herir algún valor querido, porque a veces, habrá que apoyar, por ejemplo, alguna guerra para evitar males mayores.
5.- Es preciso mancharse las manos, lo contrario es apostar por la inacción. No hay alternativas impecables, pero hay que saber marcar la raya roja que no debemos sobrepasar, y no se trata de escuchar a Dios, a la razón ilustrada, a la moral universal o al derecho natural. Se trata de un esfuerzo reflexivo y cívico en el cual cada uno está sólo y sin excusas.
6.- No conviene luchar contra los males abstractos, porque no existen esos males, existen daños concretos y para combatirlos es preciso tener la mirada puesta sobre los seres humanos, tan cercanos, tan reales, tan adoloridos. Estar con los de abajo es mi apuesta, pues aunque hayamos aprendido, que ni “los condenados de la Tierra”, ni la “famélica legión” nos van a conducir a ningún paraíso, todos tenemos derecho a una vida decente. Al fin y al cabo, la finalidad de la buena política no ha de ser otra que la disminución, real y concreta, de la crueldad, de la injusticia y del dolor.
7.- Ocuparse del mundo, saber que la política no puede hacerse desde un campanario, que existen “otras voces y otros ámbitos” y, aunque nadie lo haya comprobado, el movimiento de las alas de una mariposa en Australia, puede provocar un huracán en Montevideo.
8.- Huir, como de la peste, de las consignas y de las manipulaciones y aplacar cuanto se pueda el sectarismo en sus cada vez más numerosas y variadas expresiones.
9.- Mirar y oír al adversario con la atención debida, porque nadie tiene en exclusiva ni la verdad ni el error... Además, negarse a escuchar equivale a perder una ocasión de aprender. Hay que tener muy presente que por necesarios que sean los cambios que nosotros proponemos, a la hora de la verdad, éstos siempre producirán algún efecto perverso.
10.- Luchar por las convicciones, incluso si hay que pagar por ello un alto precio. Conviene recordar que, hace ya muchos siglos, un hombre murió por sus ideas, aunque confesaba sin rubor: “Sólo sé que no sé nada”...y desde entonces otros muchos de igual estirpe y coraje han sufrido persecución por actuar en consonancia con sus credos.
A estas alturas, uno ya ha abandonado la épica, pero no la pasión, aunque ésta sea mesurada, porque no tengo ya ningún consuelo metafísico que me cubra,, mas espero estar siempre dispuesto a un esfuerzo más, siempre que sea cívico y en pos de pequeñas cosas, las reformas, los cambios, las rebeldías, las resistencias y no los grandes proyectos de perfección absoluta a golpe de trompeta o de desfile. No podemos garantizar la libertad absoluta, pero sí las pequeñas libertades. No obtendremos justicia, sino un poco de justicia.

Ángel Egusquiza. ( Del libro “ La luz crepuscular” de Joaquín Leguina).

Gracias por demostrar que muchas veces, las diferencias entre muchos socialistas como tú y populares como yo, son muy escasas. Para mí, tu exposición tan moderada estaría situada en el centro- izquierda político, y los populares, somos de centro-reformista con lo que cualquier política de centro nos uniría, sin ninguna duda, para alcanzar cualquier pacto necesario para mejorar los intereses de España y, sobre todo, de la vida de los ciudadanos.

jueves, 8 de julio de 2010

EL ENCANTADOR

Es el oasis de la afabilidad y la cohesión: El Encantador es caricia que levanta el ánimo, bálsamo que cura las secuelas del estrés, pócima que dulcifica el conflicto, cadena que remedia la falta de unión, aguijón de dulce y opípara afabilidad.
La gente alborotada, incomprendida o adicta a tener razón, respira aires limpios y recupera su bienestar en presencia de este arquetipo seductor. A cambio, el Encantador recibe su maná predilecto: tranquilidad.
El Encantador, más que husmear posibilidades que exijan la intromisión de un salvador, se amolda para que todo el mundo quede contento. Permanece inmóvil e inspira la reacción; influye desde la espera, la calma agradable, adaptándose como un baño suave de silicona que hidrata y alivia la tensión de un alma herida.
Su técnica de provocación plagia la estrategia de los arácnidos: no se desplazan hacia su presa, sino que la invita a acercarse. Su trabajo inicial consiste en desplegar un manto edulcorado e imperceptible desde el que envían señales irresistibles: “ Aquí puedes permitirte ser como eres. No te preocupes; te escucho y te entiendo. No voy a exigirte nada. Todo va a salir bien”.
Las personas sucumben al reclamo como moscas hipnotizadas; El Encantador destila poso, control, tranquilidad, ductilidad, sosiego, dulzura, equilibrio, aceptación, bienestar. Casi nada. No desparrama grandes discursos ni gestos grandilocuentes, se mantiene sonriente, un poco a la sombra, en una esquina, igual que la araña. Emana seguridad, ecuanimidad y dominio aplastantes. Sonríe abierta y francamente. El poder de este seductor es una pócima muy solicitada en el agitado mundo en que vivimos; su influencia es suave y penetrante como el opio.
En cuanto una persona cae dentro de su red, el Encantador pone en acción el aguijón que dejará prendada a la presa; la inmoviliza con el señuelo azucarado e irresistible que inventase Benjamín Disraeli: “Háblale a otro de sí mismo, y te estará escuchando durante horas”. Ningún arquetipo de seducción posee la destreza del Encantador a la hora de elevar, tranquila y dúctilmente, la autoestima de los interlocutores: presenta un espejo psicológico en el que los rasgos negativos se han transformado en positivos; el Encantador posee el don de desintegrar la culpabilidad (críticas internas) y el resentimiento (críticas hacia otros).
Con una red de suaves halagos empaña las inseguridades y los quiebros anímicos de sus fichajes. Sus labios y sus gestos van desgajando las bondades que bullen bajo los defectos, tiene una magia especial con la que vislumbra y ensalza lo bueno que hay en cada persona, aunque no sea muy visible para el resto de la sociedad. El Encantador posee un sexto sentido para comprender de qué pasta están hechos los escudos protectores, los mecanismos de defensa y, con magistral habilidad, es capaz de traspasar las apariencias y encontrar la luz que la persona lleva dentro; la pericia con la arqueología emocional le lleva a descubrir, por ejemplo, que una persona irritable podría estar disimulando, o quizá protegiendo, una extrema sensibilidad, o que otra, aparentemente fría puede albergar un manantial de ternura que resplandece en cuanto se rasca adecuadamente el caparazón externo. El éxito del Encantador se debe a que nadie como él acaricia las defensas ajenas hasta doblegarlas y hacerlas desaparecer, permitiendo que las virtudes de la persona eclosionen para disfrute propio y ajeno. El Encantador hace lo imposible por esquivar a su bestia negra: la confrontación. Desde la infancia aprendió a olvidarse de sí mismo y a fundirse con otros para obtener el bienestar que otorgan la cordialidad y la placidez; por eso se adapta al entorno como un guante, pasa los días enfocándose en los planes, las peticiones, necesidades o exigencias de los demás con el fin de conquistar una subsistencia agradable, familiar y equilibrada. Las experiencias infantiles enseñan al Encantador que nada es absolutamente perfecto, que todo en la vida posee facetas positivas y negativas y, entre ambas alternativas, decide quedarse con el lado agradable de las cosas. En ningún momento niega que existan rincones turbios, más bien los tiene perfectamente presentes y gracias a ello evoluciona huyendo hacia el otro lado, avispándose en el uso de maniobras que entresacan lo que funciona, lo que es bueno y amable en todas las personas o en todos los ambientes. El pequeño Encantador cuando vive en un hogar poco apacible, intenta volverse invisible, pasar inadvertido hasta que se disipe la tensión. Aprende a no plantear conflictos para no recibir conflictos, tapa la rabia con silencios: “Jamás sabrás lo que estoy pensando”. En muchas ocasiones, tampoco desea responsabilizarse de las obligaciones que entraña el hecho de destacar; más bien prefiere observar el mundo desde una retaguardia grata y sin riesgos.
Aquí anida la clave de su atractivo: tengas los defectos que tengas, el Encantador desplegará su manto mágico sobre ti y colocará hasta la más recóndita de tus virtudes a ras de piel.
El punto fuerte de este perfil de seducción, su método de provocación, consiste en desenmascarar el talento más anestesiado de las personas, su energía positiva largamente adormecida y, en el instante en que los detecta, los glorifica sobre un pódium gigantesco. La intrépida y repentina acción deja al destinatario tan estupefacto como satisfecho. El Encantador destapa los méritos de todo el mundo, nadie se queda sin premio. Se amolda colocándose en un segundo plano, cediendo victorias, otorgando premios, ofreciendo reconocimiento, cooperando. Se alegra con las ideas de otros, se apunta a sus planes. Su facilidad para acoplarse le otorga un aire inofensivo; a su vera no hay agresión ni tensión. No hay que defenderse. Por eso el Encantador siempre resulta positivo e irresistible; a su lado, las circunstancias transcurren dóciles, inocentes, previsibles…..solo en apariencia.
Al observar sus maniobras de cerca, vemos que, lejos de ser una criatura a merced del capricho ajeno, el Encantador sabe perfectamente lo que quiere, cómo lo quiere y sobre todo, domina la técnica para zafarse de lo que no quiere. Lleva el control del curso de los acontecimientos y de los sentimientos con estrategia medidísima, en la que casi nada es fruto del azar.
El enigma del Encantador, su misterio, consiste en que debajo de su superficie mansa, fluye un caudal de férrea determinación y de intensa pulsión sexual. El Encantador captura a sus fichajes con una peculiar emboscada sexual: no hay asomo de coqueteo, las conversaciones fluyen tranquilas y sin más intención aparente que la de pasar un rato apacible…., plagado de insinuaciones sutiles que incendian la feminidad de las mujeres. El Encantador apenas se mueve; colocado frente a su blanco, lanza señales indirectas, simbólicas, poco evidentes y que llevan asociados unos cuantos dardos con mensaje subliminal y rumbo definidos: “Conmigo estás mejor que sin mí”. Sin embargo, he aquí lo más bello del asunto, el Encantador atrapa al destinatario logrando que sea ella quién asuma los primeros pasos y cargue con toda la responsabilidad.
Pero como ocurre siempre en materia de seducción, en cuanto el fichaje queda adherido a la tela que tan sugestivamente ha tejido la araña, entonces esa misma araña encuentra muy latoso tenerse que ocupar del intruso; piensa que el peso y el volumen del nuevo inquilino están arruinando el equilibrio y la armonía de su tela, además de poner en peligro su apertura a otras posibles relaciones.
La metodología del bloqueo del Encantador posee marchamo personal: puesto que detesta decir “no” a las personas y odia que se enfaden y le ataquen, inhibe la proximidad de un modo suave: no se enfrenta ni embiste, sino que permanece visible pero impasible, presente pero tozudo, abordable pero frío, asequible pero inexpresivo. El aturdido fichaje, que asumía haber conquistado la luna, de pronto cae en la cuenta de que posee un protagonismo ínfimo e la vida del Encantador, quien ya ha desviado tranquilamente su energía hacia otras ocupaciones.
Ocasionalmente, si le someten a una presión que considera inadecuada, el Encantador estalla como lo haría el tapón de una botella de gaseosa, dejando atónito a quién creía estar frente a la ecuanimidad y la calma personificadas. Si algo detesta el Encantador es sentirse controlado, obligado a hacer lo que no le agrada, comprometido con alguien que presiona con demandas, y sobre todo abomina ser tratado como un derecho adquirido.
Básicamente el Encantador adora la independencia y la autonomía; para protegerlas se acomoda en un círculo de silencio y de otras ocupaciones triviales, dejando que sus víctimas agonicen bajo el aliento de su indiferencia.

Psicología de la seducción. Alejandra Vallejo-Nájera.

ADIVINA EL POLÍTICO QUE RESPONDE A ÉSTE PERFIL. . . . . . .

domingo, 30 de mayo de 2010

CORRER, SÓLO CORRER.

Nunca he podido soportar que me obliguen a hacer lo que no quiero y cuando no quiero. En cambio, si me permiten hacer lo que quiero, lo hago con un empeño superior a la media.
Como ni mi motrocidad ni mis reflejos son especialmente buenos, los deportes de desarrollo explosivo no se me daban muy bien, pero correr largas distancias sí casaban con mi naturaleza. Por eso creo que pude incorporar a mi vida, con relativa facilidad y sin demasiadas molestias, el hecho de correr.

Correr tiene algunas grandes ventajas. Para empezar, no hacen falta compañeros ni contrincantes. Tampoco se necesita equipamiento ni enseres especiales. Ni hay que ir a ningún sitio especial. Con un calzado adecuado y un camino que cumpla unas mínimas condiciones, uno puede correr cuando y cuanto le apetezca.
Por el camino me he encontrado con otros corredores. Casi tantos hombres como mujeres. Los más vigorosos, los que corren golpeando con fuerza el suelo y cortando el viento al avanzar, parece que los persiga la policía. Por otro lado, están los corredores entrados en carnes, que corren con enorme sufrimiento: los ojos entornados, los hombros caídos y resoplando ruidosamente. Es posible que alguno de ellos, después de visitar a su médico, les haya recomendado encarecidamente hacer ejercicio a diario.
Cuando corro, voy memorizando recuerdos de mi vida. Nada especial. Pero para mí son valiosos y llenos de sentido. Puede que, mientras voy recordando esto o aquello, esboce inconscientemente una sonrisa o ponga sin querer el gesto algo serio. Y, al final de ese cúmulo de recuerdos de vivencias normales y corrientes, estoy yo. Yo, aquí y ahora. En Alcobendas.
Cuando pienso en la vida, a veces tengo la impresión de que no soy más que un tronco a la deriva, arrastrado por las aguas hasta un final incierto. Por eso, correr ha vuelto a ser uno de los pilares de mi vida cotidiana. Correr largas distancias siempre había ido bien con mi naturaleza. Simplemente, disfruto corriendo. Correr es para mí, de entre las numerosas costumbres adquiridas a lo largo de mi vida, tal vez la más provechosa y la que más sentido tenía. Y creo que, gracias a haber corrido initerrumpidamente durante veintitantos años, mi cuerpo y mi espíritu se fueron formando y fortaleciendo.
A los corredores de fondo, no nos importa demasiado que otro corredor nos supere o superar a alguno durante la carrera. La mayoría de nosotros sólo tenemos un objetivo concreto: “Esta vez intentaré hacerla en tal tiempo”. Pero, aun suponiendo que no logre correr en el tiempo que me he fijado, si al acabar siento la satisfacción de haber hecho todo lo posible, si experimento una reacción positiva que me vincule con la siguiente carrera, la sensación de haber descubierto algo grande, tal vez ello suponga ya, en sí mismo, un logro. En otras palabras, el orgullo de haber conseguido terminar la carrera es el criterio verdaderamente relevante para los corredores de fondo.
Ni que decir tiene que no soy un gran corredor. Pero no es en absoluto importante. Lo importante es ir superándose, aunque sólo sea un poco, con respecto a la carrera anterior. Porque si hay un contrincante al que debes vencer en una carrera de larga distancia, ése no es otro que el tú de ayer.
Sin embargo, con la cincuentena, ese sistema de autoevaluación empezó a sufrir cambios. Por decirlo con sencillez, empecé a no poder aumentar el tiempo que permanecía corriendo. En cierta medida, sobre todo si uno piensa en la edad, eso es inevitable. En algún momento de su vida, todo el mundo alcanza la cota más alta de su capacidad física, y después viene el declive.
Correr cada día completamente sólo durante una hora o dos sin hablar con nadie, no me resulta especialmente duro ni aburrido. En realidad, en mi interior siempre ha anidado el deseo de permanecer completamente solo. Por eso, el simple hecho de correr todos los días una hora, asegurándome con ello un tiempo de silencio sólo para mí, se convirtió en un hábito decisivo para mi salud mental.
A menudo me preguntan en qué pienso cuando estoy corriendo. Para ser franco, no consigo recordar bien en qué he venido pensando hasta ahora mientras corría. Mientras corro, simplemente corro. Corro en medio del vacío. O corro para lograr el vacío. Es que es en el vacío donde se sumergen esos pensamientos esporádicos. Es lógico. Porque en el interior de la mente humana es imposible lograr el vacío absoluto. Los pensamientos que acuden a mi mente cuando corro, se parecen a las nubes del cielo. Nubes de diversas formas y tamaños. Nubes que vienen y van. Las nubes son sólo meras invitadas. Algo que pasa de largo y se dispersa.
Como ya he dicho, sea en la vida cotidiana, sea en el ámbito laboral, competir con los demás no es mi ideal de vida.
Cuando recibo una crítica infundada ( o que al menos, a mí me lo parece ) de alguien, o cuando alguien de quien esperaba que aceptara una mía no lo hace, corro un poco más de distancia que de costumbre.
Al poco de empezar a correr, no podía enfrentarme a distancias muy largas. Aguantaba unos veinte o treinta minutos. Solo con eso ya acababa jadeando. El corazón me palpitaba y me temblaban las piernas. Sin embargo, seguí corriendo de manera continuada y sentí que mi cuerpo se iba adaptando y, poco a poco, empecé a recorrer distancias cada vez más largas. Adquirí lo que puede calificarse ya de “forma física”, estabilicé mi ritmo de respiración y mis pulsaciones fueron bajando. De este modo, el acto de correr fue integrándose en mi ciclo vital hasta formar parte de él, igual que las tres comidas diarias, el sueño, las tareas domésticas o el trabajo. Si haces ejercicio todos los días, tu peso ideal se acaba estableciendo de forma natural. Poco a poco se va vislumbrando el punto en el que el cuerpo se mueve con agilidad. Al mismo tiempo fui modificando mi alimentación. Hice de los vegetales la base de mi dieta y obtenía las proteínas principalmente del pescado. Y comer mucha fruta. También procuro dormir media hora después de la comida. Por la noche, si me entra sueño, soy de los que se quedan profundamente dormidos al instante y en cualquier parte, lo cual, desde el punto de vista de la salud, es una habilidad especial de la que hay que felicitarse. Eso sí, también genera problemas cuando, sin querer, uno se queda dormido en una situación en la que no procede.
El cuerpo es un sistema que aprende y funciona a base de práctica: sólo reconoce un mensaje, y lo comprende, tras haberle hecho sufrir de modo específico e intermitente.
Es una vida dura. Pero si realizas ese esfuerzo de manera continuada, tu cuerpo gana en salud y resistencia. Y supongo que el envejecimiento también se ralentiza un poco. Si uno no presta atención, va perdiendo músculo de forma natural y sus huesos también se van debilitando.
Pero nunca he recomendado a nadie de mi entorno que corra. Yo creo que nadie se hace corredor porque alguien se lo recomiende. Uno se hace corredor, sin más.
Por las mañanas me calzo mis deportivas y las piernas me pesan horrores. Con cierta desgana realizo mis estiramientos y así, casi arrastrándome, empiezo a correr lenta y pesadamente por las calles. Ni siquiera consigo alcanzar a las señoras del barrio que caminan a buen paso. Pero mientras aguanto corriendo, los músculos se me van soltando y, más o menos a los veinte minutos, ya corro con normalidad. Lentamente también gano en velocidad. Y entonces, ya soy capaz de seguir corriendo mecánicamente sin mayores sufrimientos.
Correr me ayuda a memorizar discursos y cosas similares. Mientras te desplazas con tus piernas, puedes ordenar mentalmente las palabras de un modo casi inconsciente. Sopesas el ritmo del texto y evocas el sonido de las palabras. Si tengo la mente ocupada en todo eso, puedo correr largo rato a una velocidad natural y sin forzar la máquina.
Los tiempos, que nunca me preocuparon, ahora que pasé la cincuentena, mucho menos. Es lo que tiene envejecer. Del mismo modo que yo desempeño mi papel en la vida, el tiempo desempeña el suyo. Y éste, lo hace con mucha mayor fidelidad y precisión que yo. A fin de cuentas, el tiempo ha venido avanzado sin descanso desde el momento mismo de su aparición. Y, a quienes tienen la suerte de librarse de morir jóvenes, se nos privilegia con el preciado derecho de ir envejeciendo. Nos aguarda el honor de nuestra progresiva decadencia física. Hay que aceptar este hecho y acostumbrarse a él. Por eso para mí tiene mucho más sentido saber con cuánta satisfacción correré la próxima carrera y hasta qué punto disfrutaré.
Los tiempos individuales, el puesto en la clasificación, mi apariencia, o como te valore la gente, no son más que cosas secundarias. Para mí, lo importante es ir superando, con mis piernas y con firmeza, cada una de las metas. Quedarme convencido, a mi manera, de que he dado todo lo que tenía que dar y de que he aguantado como debía.

En definitiva, este es un relato que sirve de homenaje a todos los corredores con los que me he cruzado por las calles de Alcobendas, así como a todos los que adelanté o me adelantaron en el curso de alguna carrera.

Basado en la novela de Haruki Murakami, "DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE CORRER".

miércoles, 28 de abril de 2010

ENTERRAR A LOS MUERTOS.


Todo ser humano -héroe o villano, decente o criminal- tiene derecho al duelo por parte de aquellos que lo amaron en vida. Y ese duelo exige la presencia del cadáver con el fin de poder enterrar dignamente los restos del difunto.

Ha quedado bien claro que en los dos bandos se practicó una enfurecida 'limpieza étnica'
Habría que ampliar el mutuo perdón y hacer que todos los muertos sean también de todos
Esa demanda, la del duelo, se transmite de padres a hijos. Así se constata en el caso de las fosas dejadas en campos y cunetas por la represión franquista.

Han sido los nietos de los muertos quienes han reclamado -y reclaman- un entierro decente para sus abuelos. Este era -a mi juicio- el principal objetivo de la Ley de Memoria Histórica. Pero ¿qué ha hecho el Gobierno para cumplir esta ley desde que se aprobó? Si hemos de atender a lo que dicen los parientes de los muertos, el Gobierno ha hecho muy poco. Quizá por eso algunos deudos fueron a llamar a la puerta de Baltasar Garzón, quien, creyéndose competente para el caso, acabó por meterse en un lío de incierto destino.

Mas, sea como sea, este barullo judicial ha servido para colar algunos mensajes de muy dudosa calidad.

Mensaje nº 1: La Ley de Amnistía -como toda la Transición- fue hecha bajo presión, debido al miedo que producía el ruido de sables. Más que amnistía fue amnesia lo que se impuso.
Esto es falso y además encierra una calumnia contra quienes se pusieron de acuerdo en traer la democracia a España y para ello prepararon una Constitución consensuada. No fueron cobardes, sino generosos.

El proceso necesitaba de la previa reconciliación, por eso -y sólo para eso- se votó la Ley de Amnistía, cuya vigencia se pretende ahora negar echando mano de las normas del Derecho Penal internacional que declaran imprescriptibles los crímenes contra la Humanidad. Normas éstas que, según los especialistas consultados, no invalidan en nada la Ley de Amnistía de 1977.

En efecto, el único texto vinculante en materia de crímenes contra la Humanidad está en el convenio que se elaboró y aprobó en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas (Resolución 2391 -XXIII- de 26 de noviembre de 1968), que no contiene codificación alguna de normas de Derecho Internacional. Es un tratado-ley que sólo obliga a los Estados ratificantes, que han sido apenas una cincuentena, entre los que no está España ni Estados Unidos ni países importantes de la Unión Europea. Por lo tanto, la ley española de amnistía no se opuso a ninguna otra norma de origen internacional que la contradijese.

Por otro lado, el tratado por el que se instituyó el Estatuto de la Corte Penal Internacional establece en su artículo 11 que esa Corte sólo tendrá competencia respecto de crímenes cometidos después de su entrada en vigor, lo cual deja fuera los crímenes del franquismo y también, por cierto, aquellos que pudieran haber cometido -permitido- las autoridades republicanas.

En cualquier caso, ha quedado bien claro que en los dos bandos se practicó una enfurecida "limpieza étnica".

Y aquí llega el segundo mensaje perverso:
Mensaje nº 2: Los asesinados en la retaguardia republicana ya fueron "honrados" y sus victimarios perseguidos por el franquismo. Los únicos que ahora deben ser "honrados" -y sus asesinos juzgados- son los represaliados por el franquismo.

Lo que se consigue con un mensaje tan sectario es perpetuar la división. Precisamente todo lo contrario de lo que una persona bien nacida debiera desear. En efecto, lo que se debiera hacer es precisamente lo contrario, es decir, ampliar el mutuo perdón y hacer que todos los muertos -todos- sean también de todos. Que quienes cayeron bajo la represión en la retaguardia republicana no por cometer algún delito sino por ser (ser cura, ser militar, ser noble, ser rico, ser de derechas...) sean reivindicados por las gentes de la izquierda, y los asesinados por los franquistas sin haber cometido delito alguno, simplemente, ellos también, por ser (ser sindicalista, ser republicano, ser socialista, ser comunista...) deben ser reivindicados por las gentes de la derecha. ¿Con qué fin? Simplemente, para poder decir todos juntos: ¡Nunca más!

Mensaje nº 3: Todos los represaliados por el franquismo son héroes de la democracia y de la libertad.
Los ganadores de la guerra civil sostuvieron durante los años de la dictadura que "sus" muertos (1936-1939) en el frente o bajo la represión en los territorios fieles al Gobierno republicano eran "mártires de la Cruzada", afirmación que está tan lejos de la verdad como cerca de la propaganda.

Ahora, con parecido entusiasmo, se pretende que todos los enemigos del franquismo que fueron represaliados durante aquella interminable dictadura fueron "héroes de la Democracia".
Esta es, también, una afirmación sectaria, y por eso debe ser negada. Lo haré a continuación, a sabiendas del riesgo que corro con ello.

Vivir durante la guerra en la retaguardia republicana -nadie que se haya ocupado de ese asunto lo negará- representó para mucha gente un auténtico infierno de persecución y de muerte. Bastaría la lectura de la gran novela de Juan Iturralde, Días de llamas, para ilustrarlo. Y esa novela me lleva a un personaje -ligado a la UGT y al PSOE- que resultó ser un individuo siniestro: Agapito García Atadell, quien se hizo famoso en Madrid al inicio de la guerra civil como jefe de una de las Brigadas del Amanecer que operaban en la capital (también los de la FAI fueron maestros en "represión revolucionaria" y montaron, por ejemplo, una checa en el Cine Europa de la calle Bravo Murillo desde donde salían a dar paseos nocturnos y a llenar de cadáveres la Dehesa de la Villa). Estas pandillas -muy contentas de exhibirse armadas por la retaguardia y de no pisar el frente- aparecían de madrugada en los domicilios de la gente "de derechas" para dar el paseo a sus moradores y, de paso, "requisar" en su propio beneficio los bienes que encontraban en los registros de aquella casas.

Según se cuenta, Indalecio Prieto -que era ministro de la Guerra- dio la orden de detener al "compañero" García Atadell y a su cuadrilla, pero, quizá alertado, Atadell arrambló con todo lo que pudo y se fue a Marsella, desde donde tomó un barco con destino a Buenos Aires. Pero el buque hizo escala en Canarias y los franquistas (quizá avisados desde la zona republicana) lo sacaron del navío y lo tomaron preso.

Sabemos a través de Koestler (autor de El cero y el infinito), entonces encarcelado por los franquistas en Sevilla, que García Atadell estuvo en aquella cárcel y allí le dieron garrote. Probablemente, sus restos reposen en alguna fosa común de algún cementerio sevillano y ahora podrían ser exhumados... ¿Con honores?

¿Por qué no aceptamos la verdad de una puñetera vez? La inmensa mayoría de la derecha española renegó de la democracia durante la República y, desde luego, durante la guerra... Pero es que la izquierda, en gran parte, hizo lo mismo, tomando la deriva "revolucionaria". En cualquier caso, una guerra civil no es el mejor momento para la defensa de los derechos civiles ni para la discusión civilizada... "Es la hora de los hornos y no se ha de ver sino su luz", ¿recuerdan?
En fin, que entre tanto ruido se ha impuesto, al fin, una consigna según la cual "el PP se niega a reconocer la sangrante realidad de las fosas" (sic). Se llega así al último mensaje. Éste ya en clave electoral.

Mensaje nº 4: La derecha española es heredera y añorante del franquismo.
¿O sea, que casi la mitad de los votantes españoles prefieren el franquismo? No sé si los ideólogos que sostienen tal mensaje y tal barbaridad, son conscientes del disparate que perpetran con este tipo de propaganda sectaria.

Mas debo decir, para concluir, que somos muchos los que -hartos de simplificaciones- nos negamos a que la izquierda se reduzca a ser la mera expresión de una aversión, la aversión a una derecha a la que visten de maniqueo sin ningún rigor intelectual.

Joaquín Leguina. EL PAIS

martes, 27 de abril de 2010

CARRERA POPULAR Y HOCKEY PATINES

Un fin de semana con muchas cosas por hacer. Así se presenta, sobre todo, el próximo domingo 9 de mayo. Habrá que sacar tiempo porque tenemos por delante un par de acontecimientos que no podemos perdernos.

Primero está la carrera popular “Alcobendas Gran Ciudad”. Más de mil atletas populares afrontaremos la tercera edición de esta prueba con mucha ilusión. Hay un nuevo recorrido que, a mi juicio, es muy interesante tanto para los que vamos a disputar la prueba como para los que quieran verla y animarnos. Esto si que se lo pido, porque no se pueden imaginar la fuerza que nos dan cuando el agotamiento empieza a hacer mella y una mirada fugaz a nuestro alrededor nos devuelve el aliento de familiares y amigos.

El CAP ha trazado un recorrido que pasa por los principales puntos de la ciudad. Al igual que muchos participantes he recorrido previamente el itinerario y les puedo asegurar que el que se duerma en la parte inicial, con una rápida bajada por la Avenida de España, lo tendrá complicado para unirse a los que hayan llegado en los grupos cabeceros a la rotonda de La Menina. La subida por el Paseo de la Chopera dejará ver a las claras quienes están más fuertes y llegarán primero a la meta.

Antes de afrontar los 10 kilómetros de la prueba me permito felicitar a los organizadores porque están consiguiendo que la carrera popular “Alcobendas Gran Ciudad” sea una de las más atractivas que se disputan en nuestra Comunidad. Y el hecho de que transcurra por los lugares más emblemáticos de la ciudad seguro que va a animar a muchos vecinos a presenciar la prueba en directo. Vaya mi aplauso hacia ellos en justa correspondencia.

Y cuando todo haya acabado la cita estará en el pabellón A del polideportivo José Caballero. Nos esperan los dos equipos que jugarán la final del campeonato de España de hockey sobre patines en categoría júnior. Esperemos que uno de ellos sea el Club Patín y que además su capitán sea quien recoja la copa de campeón que le acredita como el mejor de España. No lo van a tener fácil los locales porque el nivel en esta categoría –España es la actual campeona del mundo- es muy, muy alto. Pero otra vez les pido el aliento para los nuestros, que les empuje hacia la victoria.

lunes, 19 de abril de 2010

RUGBY ALCOBENDAS

Seguro que muchos de ustedes habrán visto la película “Invictus”, de Clint Eastwood con un genial Morgan Freeman en el papel de Nelson Mandela, y muchos otros habrán leido “El factor humano”, la obra del periodista británico John Carlin, que dio pie a la película anterior. Estarán conmigo que tanto de la lectura del libro como de la propia película deducimos que el deporte puede llegar a unir más que cualquier cosa, que un equipo simboliza pasiones e ideales y que una gran victoria es capaz de lanzar a la calle a miles de personas.
“El factor humano” es un excelente relato periodístico, mientras que en “Invictus” se muestra como el deporte puede hacer Milagros y cohesionar una sociedad.
Pero muchas veces, la gran mayoría, un encuentro deportivo no tiene ni la grandilocuencia ni la importancia de aquellos partidos de rugby que movilizaron a un país, Surafrica, pero que si tienen un gran valor en la historia de un club y de una ciudad.
Todo esto viene a cuento del próximo partido que jugará el Alcobendas Rugby en el que se decidirá el ascenso a la División de Honor. Despues de una gran temporada en la fsase regular, en la que se proclamaron campeones de grupo, ha llegado la hora de la verdad, una eliminatoria para refrendar todo el buen trabajo realizado a lo largo del año. No hay vuelta atrás. Al quince burdeos solo le vale la victoria ante el FC Barcelona. La derrota, 16-12, en el partido de ida jugado en La Teixonera (Barcelona), no deja margen de error. Toca remontada y estoy seguro que el equipo se dejará el alma en conseguirla. Pero el primer ensayo lo tiene que conseguir la afición.
El partido de ida fue muy igualado. El marcador es un reflejo de lo que ocurrió en el terreno de juego. El hecho de tener que resolver en casa da una ligera ventaja a los locales, pero las fuerzas están parejas.. El Alcobendas necesita de su mejor rugby y del apoyo de socios y aficionados que debemos reventar el campo para llevarles en volandas hacia la División de Honor.
La cita es el día 24, en Las Terrazas, a las 12,30 horas. El tercer tiempo será glorioso.

lunes, 15 de marzo de 2010

UN GOBIERNO DE CUOTA FRENTE A UN GOBIERNO DE LOS MEJORES

Un Ejecutivo montado en base a criterios electoralistas, frente a un gabinete de alto capital humano. Un gobierno con seis ministros graduados en Harvard o en Chicago frente otro con dos de sus miembros sin estudios conocidos. La España de Zapatero versus la Chile de Bachelet y Piñera.

Las comparaciones son odiosas, pero la realidad es tozuda. La formación del nuevo Gobierno de Chile a manos del conservador Sebastián Piñera vuelve a demostrar a cuántos años luz están algunos líderes políticos de otros. O lo que es lo mismo, lo poco que valora José Luis Rodríguez Zapatero la excelencia profesional y la alta formación académica a la hora de nombrar a sus equipos de gestión, frente a la seriedad aplicada por otros.

El bajo perfil internacional de un gobierno como el español sonroja si se compara con el que acaba de jurar su cargo en Chile. Frente a los seis ministros chilenos con PhD (máximo grado universitario) o doctorados en Económicas por Harvard o Chicago, el gobierno español se permite el lujo de encargar a dos personas sin formación conocida (Celestino Corbacho y José Blanco) la gestión de dos de las carteras más decisivas a la hora de salir de la crisis, la de Trabajo y la de Fomento. No sólo eso, en el ejecutivo chileno, todos sus miembros tienen un doctorado, un MBA o un master.

¿Hasta qué punto importa la formación especializada, la excelencia, en la dirección económica de un gobierno? La pregunta se la hacía hace unos días el economista Luis Garicano, reputado profesor de Economía y Estrategia de la London School of Economics en un artículo en el blog Nada es Gratis, que comparaba la formación académica y profesional de los gabinetes entrante y saliente de Chile con el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero.

Otros datos sonrojantes. En el gobierno de la ex presidenta Michelle Bachelet había también tres doctores en Economía por universidades americanas, una doctorada en París, tres ministros con masters en el extranjero (Harvard, Johns Hopkins y Heidelberg), otro con una licenciatura en el extranjero (Wash University) y varios con formación de postgrado en su propio país. Y, sobre todo, contaba con un peso pesado, como destaca el propio Garicano, como el ministro de Economía, Andrés Velasco, “considerado un economista de primera talla en todo el mundo, doctor en Columbia, Catedrático en Harvard y autor de una serie de publicaciones muy influyentes sobre flujos de capitales y crisis financiera”.

Un gobierno de bajo perfil académico

Rodríguez Zapatero no destaca en la gestión de recursos humanos y nunca ha valorado especialmente la formación de sus ministros, ni se ha preocupado porque sean primeras figuras en sus respectivos ámbitos. Ni siquiera ha valorado mucho que sepan inglés y otros idiomas. Los ha nombrado y cesado más por decisiones puramente electorales que por otras razones más objetivas.

El mismo Zapatero es, ante todo, un profesional de la política que ha antepuesto el partido a la actividad privada, que ha preferido escalar puestos en las filas del PSOE a labrarse una alta especialización de postgrado. Por eso, tampoco aprecia especialmente que sus subordinados formen parte de la elite intelectual.

Ahí están, por ejemplo, los casos de Pedro Solbes y David Vegara, que abandonaron el Gobierno por sus diferencias de calado con el presidente, pese a contar con un expediente académico y profesional notable y con estudios tanto dentro como fuera de España. Hay que recordar que Solbes es doctor en Ciencias Políticas, licenciado en Derecho y diplomado en Economía Europea por la Universidad Libre de Bruselas, mientras que Vegara, licenciado en Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona, estudió también en la prestigiosa London School of Economics.

En su lugar, el presidente optó por la más complaciente Elena Salgado, ingeniera industrial, licenciada en Económicas y Máster en Métodos Cuantitativos de Gestión. Un perfil también notable, aunque mucho más discreto que el de su mano derecha, el secretario de estado de Economía, José Manuel Campa. Campa es PhD en Económicas por la Universidad de Harvard, MA en Económicas por la misma universidad, además de licenciado en Derecho y Ciencias Económicas.

El resto del Consejo de Ministros está formado por un buen puñado de licenciados en diferentes ramas del saber y por numerosos doctores en Derecho. Pero casi nadie brilla con luz propia. María Teresa Fernández de la Vega es licenciada en Derecho y está titulada también por la Universidad de Estrasburgo. Manuel Chaves es doctor en Derecho; al igual que Francisco Caamaño; Alfredo Pérez Rubalcaba lo es en Ciencias Químicas y Ángel Gabilondo, en Filosofía. Por su parte, Miguel Angel Moratinos es licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas; Elena Espinosa, en Ciencias Económicas y Empresariales; Carme Chacón, en Derecho, al igual que Beatriz Corredor; Bibiana Aído, en ADE (aunque realizó parte de sus estudios en la Universidad de Northumbria, en Newcastle) y Ángeles González-Sinde, en Filología Clásica.

Sebastián y Garmendia elevan la media

Destacan y elevan la media de capital humano por encima de los demás Miguel Sebastián y, sobre todo, Cristina Garmendia. Sebastián es licenciado en Económicas y Empresariales y Doctor en Economía por la Universidad de Minnesota, mientras que Garmendia es doctora en Biología y Executive MBA por el IESE.

“¿Están las dos cosas, el éxito del gobierno y la formación profunda, relacionadas?”, se preguntaba Garicano en su artículo. “¿Ayuda tener un ministro de economía brillante y conocedor de los problemas económicos a los que se enfrenta?”. El propio economista razona su respuesta. “No es completamente obvio. Por un lado, claramente hay una faceta técnica del trabajo. Por ejemplo, la decisión de subir el IVA requiere considerar y evaluar varios aspectos relativamente complejos, como el coste de la restricción presupuestaria, el impacto sobre el crecimiento económico, la incidencia del impuesto. Por otro lado, el trabajo tiene un aspecto político- es necesario vender el impuesto, es necesario convencer a los ciudadanos, y ello puede requerir un perfil político”.

“Obviamente, no hace falta tener 6 PhDs en el gobierno, como en el gabinete de Piñera, pero yo pienso que el coeficiente intelectual ayuda, y la educación también”, explica Garicano. “Los problemas a los que se enfrenta el gobierno de España no son sencillos; el poder leer un artículo del WSJ, el poder entender un análisis de Expansión, o del servicio de estudios del BBVA o del Banco de España, el poder entender lo que es una senda de crecimiento sostenible, el entender que hace que una deuda sea explosiva o no, parece, desde el sentido común, que tiene que ayudar”.

“En fin”, concluye, “que no se trata de dejar todos los problemas en manos de PhDs de universidades extranjeras- reconozco que mi deformación profesional me lleva a pensar que más educación, más exposición al mundo y más preparación suponen mejores resultados, y es claro que no siempre es así. Y, si, lo se, los tecnócratas de Kennedy (the best and the brightest) metieron al país, con todas sus certezas y sus análisis, en la guerra de Vietnam. Pero los problemas a los que se enfrenta el gobierno de España no son sencillos- yo personalmente preferiría que la decisión sobre si el IVA debe o no subir la tomara el gabinete de Chile- el entrante, o el saliente”.